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Veljko Cubrilovic

Veljko Cubrilovic


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Veljko Cubrilovic est né en Bosnie-Herzégovine en juillet 1895. Il est devenu instituteur à Priboj, mais en 1914, en tant que membre de la société secrète Black Hand, a accepté d'aider Gavrilo Princip, Nedjelko Cabrinovic et Trifko Grabez à assassiner l'archiduc François Ferdinand. Son frère, Vaso Cubrilovic, était également impliqué dans le complot.

Le dimanche 28 juin 1914, Franz Ferdinand et Sophie von Chotkovato sont assassinés par Gavrilo Princip. Princip et Nedjelko Cabrinovic ont été capturés et interrogés par la police. Ils ont finalement donné les noms de leurs collègues conspirateurs. Muhamed Mehmedbasic a réussi à s'échapper en Serbie mais Cubrilovic, Danilo Ilic, Vaso Cubrilovic, Cvijetko Popovic et Misko Jovanovic ont été arrêtés et inculpés de trahison et de meurtre.

Tous les hommes ont été reconnus coupables. En vertu du droit austro-hongrois, la peine capitale ne peut être infligée à une personne âgée de moins de vingt ans lorsqu'elle a commis le crime. Nedjelko Cabrinovic, Gavrilo Princip et Trifko Grabez ont donc écopé de la peine maximale de vingt ans. Vaso Cubrilovic a 16 ans et Cvijetko Popovic 13 ans. Veljko Cubrilovic, Misko Jovanovic et Danilo Ilic, qui ont aidé les assassins à tuer le couple royal, ont été exécutés le 3 février 1915.

Je suis un opposant aux assassinats et aux révolutions car les traces qu'ils laissent sont trop sanglantes. C'est le cas ici. Je crois à l'évolution de l'esprit, des idées ; Je compte sur le progrès, pas sur l'action.

Il ne faut pas perdre de vue qu'il s'agit d'un procès historique ; que les yeux du monde entier se tournent aujourd'hui vers cette illustre cour ; et que le monde attend curieusement la sentence qui sera prononcée dans cette salle de jugement.

Les générations futures et les historiens parleront de ce procès. Pour cette raison, les peines ne doivent pas être brutales ; ils doivent être justes et durer comme une page brillante dans les annales de la jurisprudence criminelle, devant le tribunal de la civilisation et de la postérité.


ExecutedToday.com


“Exécutions à la suite de l'assassinat de Sarajevo”. Des archives visuelles de l'Europe du Sud-Est.

À cette date de 1915, trois des conspirateurs de la Main Noire qui avaient assassiné l'archiduc François-Ferdinand à Sarajevo en juin précédent ont été pendus pour trahison et meurtre alors que la guerre mondiale déclenchée par cet assassinat engloutissait l'Europe.

On pourrait dire que c'était trop peu, trop tard.

Ironiquement, le tireur qui a en fait obtenu l'archiduc, Gavrilo Princip, était trop jeune pour recevoir la peine de mort en vertu de la loi austro-hongroise - à peine avant son 20e anniversaire *, une norme plus libérale pour la responsabilité en capital que même l'homme actuel. les normes de droits exigent.

En fait, c'était le cas de cinq des huit étudiants nationalistes condamnés, l'oppresseur barbare des Slaves les a donc punis pour avoir assassiné l'héritier de son trône et l'avoir impliqué dans une guerre ruineuse avec des peines de prison ne dépassant pas 20 ans. Trois des cinq mineurs (Princip inclus) ont contracté des cas mortels de tuberculose en détention pendant la Première Guerre mondiale, les deux autres, Cvijetko Popovic et Vaso Cubrilovic, ont survécu à l'empire des Habsbourg pendant des décennies.

Il en restait trois, assez vieux pour transformer l'Europe en charnier : le frère aîné de Vaso, Veljko (un instituteur), Danilo Ilic (un rédacteur en chef) et Misko Jovanovic (un homme d'affaires).

Mais si leurs noms ne sont pas familiers et que leur complot d'assassinat comique a réussi presque malgré eux, ces radicaux oubliés se classent toujours parmi les sages-femmes de la modernité pour le cataclysme mondial déclenché par leur acte, pour ses répliques calamiteuses de nationalisme et d'idéologie, et pour la seconde guerre qui succéda aux horreurs de la première.

Selon John S. Craig’s Liaisons particulières, Gavrilo Princip a laissé sa poésie griffonnée sur le mur de sa cellule.

Nos fantômes traverseront Vienne
Et errer à travers le palais
Effrayer les seigneurs

Tout bien considéré, il s'est vendu à découvert.

* Il semble y avoir une certaine incertitude quant à la date de naissance réelle de Princip, il pourrait donc avoir en fait 20 ans. Le tribunal, en tout cas, l'a pris pour 19.


Puedes leer la primera parte de este texto en el siguiente enlace: Gavrilo Princip, los orígenes de un nacionalista.

1914. Después de vivir uno de los inviernos más suaves de las últimas décadas, Europa da la bienvenida a la primavera sin imaginar que esa será la última estación de paz durante cuatro largos años. Dans la taberna Zlatna Moruna de Belgrado, dos jóvenes mantienen una animada conversación. Uno de ellos es Mihajlo Pušara, un músico de veintiocho años miembro de la Joven Bosnie. Frente a él está Gavrilo Princip. Apenas llevan sentados unos pocos minutos cuando el artista le hace entrega de un sobre. Antes de abrirlo, el estudiante mira a su alrededor, como temiendo que alguien pueda estar vigilándolos. Una vez hecha esa comprobación, lo abre y saca del interior una carta de su amigo, y también miembro de la Joven Bosnie, Nedeljko Čabrinović. Gavrilo lee con prisa, en diagonal, incapaz de contener la curiosidad. Parece nervioso, como si en esa hoja contuviera noticias que llevara años esperando recibir. A continuación mete de nuevo su temblorosa mano en el sobre y extrae un recorte de prensa. La letra de imprenta confirma lo que ya le ha dicho la cuidada caligrafía de su amigo: el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona imperial austrohúngara, visitará Sarajevo a comienzos de verano, más en concreto el día 28 de junio.

Una vez fuera de Zlatna Moruna, Gavrilo se despide afectuosamente de Pušara. Su compromiso con la libertad de Bosnia está fuera de toda duda, pero su disposición a arriesgar la vida en una acción terrorista es cosa distinta. Ha ejercido su función como mensajero, y eso es suficiente. En cambio, él puede correr ese riesgo. Enfermo de tuberculosis, sabe que no vivirán muchos años.

Ese mismo día, otro bosnio exiliado en Belgrado se une a la conspiración. Su nombre es Trifun Grabež, tiene dieciocho años y desde hace unos meses comparte con Gavrilo el alquiler de un inmueble cercano a la confluencia del Sava con el Danubio. También él es tuberculoso.

A partir de ese momento, los preparativos se llevan a cabo en dos escenarios distintos. Čabrinović comienza a reclutar voluntarios en Bosnie, mientras que Princip y Grabež buscan en Belgrado el apoyo necesario para llevar a cabo la acción. Con ese objetivo se entrevistan a principios de mayo con Milan Ciganović, miembro de la Mano Negra que, además, trabaja bajo las órdenes de Apis en el servicio de inteligencia del ejército serbio. Días después, Vojislav Tankosić, quien en otro tiempo había rechazado a Gavrilo en su cuartel de Prokuplje, recibe el informe de Ciganović y autoriza la operación. El 26 de mayo la Mano Negra asume como propia la conspiración de Princip, Grabež y Čabrinović. Este último se traslada inmediatamente a Belgrado, donde los tres inician un curso acelerado de prácticas de tiro a cargo de varios militares serbios miembros de la organización secreta.

Pero antes de abandonar su patria, Čabrinović deja afianzada la célula terrorista de Sarajevo. Al frente se situa Danilo Ilić, editor de un diario pro-serbio que, desde una pensión propiedad de su familia, dirige la facción bosnia de la Mano Negra. Este joven de 24 años, al que Gavrilo conoció mientras trabajaba como periodista en Belgrado, recluta a dos estudiantes de bachillerato, Vaso Čubrilović y Cvetko Popović. También involucra a casi una decena de personas más, que de un modo u otro terminan colaborando en el ejecución del atentado. De entre ellos cabe destacar al médico Mladen Stojaković, al escultor Jezdimir Dangić, al banquero Miško Jovanović, y al maestro de escuela Veljko Čubrilović, hermano mayor de Vaso. En el reclutamiento cuenta con la ayuda de un carpintero de origen musulmán: Muhamed Mehmedbašić. Este había participado meses antes en otra conspiración dirigida por Ilić, que tenía por objetivo asesinar al gobernador austrohúngaro Oskar Potiorek. El atentado contaba con el visto bueno de Apis, con quien ambos se reunieron en Francia en enero de 1914. Sin embargo, los preparativos fueron cancelados in mayo debido al carácter prioritario del plan para asesinar al archiduque Francisco Fernando.

Una vez terminado el entrenamiento de Princip y sus dos compañeros, Tankosić les facilita seis bombas y cuatro revólveres Browning cargados con siete balas cada uno. Pero el oficial serbio no termina de estar convencido del éxito de la operación, así que para evitar que se relacione a la Mano Negra y al gobierno de Serbie con el atentado, entrega a Princip, Grabež y Čabrinović unas cápsulas de cianuro. Las órdenes del militar son tajantes: con el fin de no involucrar al resto de los conspiradores, deben ingerirlas inmediatamente después de asesinar a Francisco Fernando. Una vez recibidas esas últimas instrucciones, los jóvenes inician su viaje de retorno a Bosnie el 28 de mayo.

La primera etapa del camino la realizan en barco, remontando el Sava desde Belgrado hasta Šabac, a pocos kilómetros de la frontera. En esa localidad, entran en contacto con un miembro de la Mano Negra, el capitán Radu Popoviću, al que Tankosić ha informado acerca de la operación. Él se encarga de facilitar todos los trámites con los funcionarios de aduanas y de subirlos al tren que ha de llevarlos hasta el Drina, río que separa el territorio serbio del bosnio. Sin embargo, Čabrinović está nervioso. En cuanto suben muestra sus dudas sobre la viabilidad del plan, y enseguida empieza una acalorada discusión con Princip. Considéra que es muy arriesgado cruzar la frontera juntos, y más con el armamento encima. Sin embargo, sus otros dos compañeros no están dispuestos a variar lo más mínimo el plan trazado por Apis y Tankosić.

All llegar a Koviljača, ya muy cerca de su destino, Čabrinović y Princip cruzan duros reproches. Están muy alterados, y Grabež, el único que mantiene la calma, teme que la escena llame la atención entre el resto del pasaje. El nerviosismo se ha apoderado de ellos, poniendo en riesgo los preparativos de los meses anteriores. Čabrinović está enfadado y se muestra dispuesto a abandonar el tren en esa parada. Pas de parece que Princip vaya a hacer nada por impedirlo, pues tal como están las cosas lo considera un obstáculo para el plan. Solo la mediación de Grabež logra salvar la situación. Propone que Princip y él sigan en el tren hasta el Drina mientras Čabrinović cruza la frontera por su cuenta. Una vez al otro lado se reencontrarán en Tuzla y desde allí proseguirán su viaje hasta Sarajevo. Todos dan su aprobación al plan. Es así como, mientras Princip y Grabež continúan hasta Loznica llevando la mayoría del armamento, Čabrinović baja en Koviljača para seguir a pie por su cuenta.

Cuando el tren llega a la localidad fronteriza, ya es noche cerrada. En el anden les espera el capitán Prvanović. Inmediatamente se sorprende de encontrar sólo dos jóvenes en lugar de los tres que su colega Popoviću le ha anunciado. Princip y Grabež saben que su interlocutor no está al tanto de la operación. No es miembro de la Mano Negra, simplemente cumple órdenes de sus superiores sin sospechar la verdadera razón de su viaje a Bosnia. Así que deciden no dar muchos detalles sobre el incidente con Čabrinović. Tampoco Prvanović tiene intención de hacer ningún tipo de indagación. Es tarde y su único interés en ese momento es cumplir con la tarea que le han encomendado y retirarse a descansar. Se dirigen en silencio hacia el Dana Zečica, un prostíbulo que hace las veces de pensión. Allí los acomoda en un ático y, tras darles las señas de un campesino que puede ayudarles a cruzar el río, se marcha.

Al día siguiente, Princip y Grabež alargan su estancia en Loznica. No tienen prisa, pues su intención es aprovechar la oscuridad de la noche para atravesar el Drina. Con el fin de no llamar la atención, pasan la mañana en el ático del Dana Zečica, fingiendo que aún duermen. A mediodía, siguiendo las indicaciones del capitán Prvanović, localizan al hombre que les ayudará a pasar al otro lado. Durante varias horas caminan río arriba hasta situarse frente a una mejana que, según les informa el guía, es territorio bosnio. Los dos jóvenes deciden vadear el Drina por ese lugar, pues tanto la isla, como la poca profundidad del tramo, facilitan el paso. Se despiden de su acompañante y proceden a realizar la primera parte de la operación. En apenas unos minutos llegan a la mejana. Sin embargo, como aún no ha anochecido, esperan un tiempo escondidos antes de cruzar el resto del río.

Por fin la oscuridad hace acto de presencia, pero esas sombras que les sirven de escudo constituyen también una dificultad añadida. El camino de Princip y Grabež hasta la otra orilla es arduo debido a la escasa visibilidad, y no está exento de algún que otro sobresalto como consecuencia de las traicioneras corrientes. Una vez llegan al otro lado, se esconden rápidamente entre unos matorrales que crecen a la ribera del río. Descansan unos minutos en la espesura, conscientes de haber completado la parte más complicada del viaje. Aún así, los jóvenes bosnios saben que aún están en peligro. Al fin y al cabo, las tres pistolas y seis bombas que llevan entre sus pertenencias les delatarían como terroristas en cualquier control de la policía austríaca.

Cuando se disponen a pasar la noche en su escondite, descubren a poca distancia una tenue luz. Sintiendo curiosidad, los dos jóvenes levantan el campamento y se dirigen hacia ella. Apenas han caminado unos veinte pasos cuando creen vislumbrar los contornos de una cabaña. Por unos instantes les asaltan las dudas, e incluso Grabež sugiere que no es prudente acercarse más. Sin embargo, Princip sigue adelante, convencido de que no tienen nada que temer de los habitantes de esa casa. Se deja llevar por su intuición, pero también por la esperanza de poder dormir en una cama tras una dura tarde de marcha. Adelantándose a su compañero, lama a la puerta y, tras una espera que se les hace eterna, el único habitante de esa casa, un campesino mayor, les invita a pasar.

Gracias a la hospitalidad recibida, Princip y Grabež reanudan la marcha al amanecer casi totalmente repuestos. Antes de encontrarse con Čabrinović en Tuzla, tienen intención de visitar a Veljko Čubrilović, hermano de su amigo Vaso, que es maestro en Priboj. Con el fin de evitar los controles de la policía austríaca, deciden contratar los servicios de dos contrabandistas de la región de Srpska. Tras acordar el precio en cinco coronas, los llevan hasta su destino por caminos poco transitados.

Aunque, tanto Danilo Ilić como Vaso, mantienen a Čubrilović al tanto de los pormenores de la operación, este no espera la visita de Princip y Grabež. Al enterarse de que su intención es dirigirse a Tuzla, les da las señas de otro de los implicados en la trama: el banquero Miško Jovanović. Después de asearse y ponerse las nuevas ropas que les proporciona su amigo, visitan a Mitar Kerović, otro de los hombres reclutados por Ilić. Ambos pasan la noche en su casa y al día siguiente abandonan Priboj definitivamente para tomar el camino a Tuzla. Realizan ese viaje cómodamente en una carreta conducida por Neđa, el hijo de Kerović.

Mientras tanto, su compañero Nedeljko Čabrinović pasa noche en Koviljača tras bajarse del tren. La soledad incrementa su nerviosismo e incluso se planta abandonar la operación y volver a Belgrado. Apenas logra pegar ojo, pero a la mañana siguiente se levanta algo más calmado. La luz del día le permite aclarar sus ideas y rápidamente toma una resolución: emprenderá el camino hacia la frontera, pero sin correr ningún riesgo. Pasará como cualquier otro ciudadano, ante la atenta mirada de los agents de aduana. Eso supone dejar en Serbie una pistola Browning, lo único que lleva del armamento proporcionado por Tankosić. Desde entonces, el viaje de Čabrinović a Tuzla, el punto de encuentro en Bosnie, transcurre sin ningún incidente.

De nuevo juntos, se preparan para emprender el viaje a Sarajevo por separado. Pero antes deben encontrar a alguien capaz de transportar el armamento a la capital sin levantar sospechas. Princip considera que su anfitrión en Tuzla, el banquero Miško Jovanović, es la persona indicada. Se lo ha propuesto, sin éxito, antes de la llegada Čabrinović. Ahora que están todos juntos, la presión que ejercen es mayor. Jovanović se niega nuevamente, pero accede a guardar las armas en su casa a la espera de que otro conspirador cumpla esa misión. Finalmente será Danilo Ilić quien se trasladará a Tuzla el 14 de junio para recoger las bombas y los revólveres Browning. Su vuelta a Sarajevo se producirá ese mismo día, si bien, con el fin de no ser detectado por la policía, abandona el tren en el que viaja poco antes de llegar. Realiza esos pocos kilómetros primero a pie y después en tranvía. Una vez en la pensión familiar, pone el armamento en una maleta que oculta debajo del sofá.

Princip, Grabež y Čabrinović llegan a Sarajevo el 4 de junio. Cada uno de ellos ha realizado el viaje en un tren distinto, y permanecerán separados hasta la víspera del atentado. La réunion unique que se produit en esos días tiene como protagonistas a Princip e Ilić, que discuten el mejor lugar para llevar a cabo la operación. Después Gavrilo visita a su familia en Hadžici, para retornar finalmente a la capital el 6 de junio. Desde entonces se hospeda en la pensión propiedad de la de los Ilić. También los días de Grabež y Čabrinović transcurren en compañía de sus familiares. El primero se traslada a Pale, mientras que el segundo regresa al hogar paterno de Sarajevo.

El encuentro entre todos los implicados tiene lugar el 27 de junio en un café de la capital bosnia. Algunos de ellos ni siquiera se conocen de antes, como es el caso de Princip y Mehmedbašić. Danilo Ilić, nexo de union entre el grupo de Belgrado -Princip, Grabež y Čabrinović- y el de Sarajevo –Čubrilović, Popović y Mehmedbašić-, ejerce de anfitrión. Saca una maleta y procede al reparto de las armas. Cada uno contará con una bomba, mientras que sólo Princip, Čubrilović y Popović llevarán además revolver. A continuación les entrega las capsulas de cianuro mientras insiste en la importancia de ingerirlas antes de ser capturados.

Esa misma noche vuelven a encontrarse en Semiž, una conocida taberna de la ciudad. Allí permanecen hasta altas horas de la madrugada bebiendo y cantando. Al terminar, Gavrilo se dirige a la tumba del primer mártir de la Joven Bosnie, Bogdan Žerajić. Ha bebido poco, y apenas ha participado en los canticos patrios incoados por sus compañeros. Su rostro refleja una mezcla de tensión contenida y adrenalina desatada. Sabe que está ante una oportunidad única de herir a los austríacos en su mayor orgullo : la familia imperial. Quizás por esa razón, la preocupación y el miedo al fracaso conviven en su interior con la emoción del momento. Pero la espera se le hace eterna, y la noche interminable. Por última vez, Princip renueva su juramente frente a la lápida de Žerajić.

Son casi las diez de la mañana del 28 de junio cuando el archiduque y heredero de la corona imperial austríaca hace su aparición en la estación de ferrocarril de Sarajevo. Llega en un tren proveniente de Ilidža, localidad donde ha pernoctado con su esposa después de varios días supervisando maniobras militares. Francisco Fernando a tratado de evitar por todos los medios la visita a la capital de Bosnie. No ignora que las posibilidades de sufrir un atentado son altas, más teniendo en cuenta lo inoportuno de la fecha: los serbios celebran esos días el aniversario de la batalla de Kosovo de 1389. , y por muchos bosnios también, como una provocación. Sin embargo, el emperador Francisco José se ha mantenido firme en su decisión de enviarle a Sarajevo.

Tras ser recibido por el gobernador Potiorek, el archiduque pasa revista a las tropas allí formadas. Una vez cumplido el protocolo, la comitiva de siete vehículos emprende su marcha hacia el ayuntamiento de Sarajevo. En el tercero de ellos, un Gräf & Stift Double Phaeton descapotable de 1910, viaja Francisco Fernando. Junto a él van su esposa, Sofía Chotek, el gobernador de Bosnia, Oskar Potiorek, y el teniente coronel Franz von Harrach.

Dos horas antes, Gavrilo Princip et Danilo Ilić abandonnent la pension familière de este último. Tienen suficiente margen de tiempo como para encontrarse con los otros cinco conspiradores y situarse en los puntos estratégicos del recogido. Incluso se permiten el lujo de enviar una tarjeta postal a Vladimir Gaćinović que, debido a fallido atentado contra Oskar Potiorek, ha tenido que refugiarse en Francia a principios de año. Al terminar de escribir, Gavrilo se encuentra con dos compañeros de la Escuela de Comercio. A pesar de los nervios del momento y de llevar su parte de armamento encima, el joven bosnio consigue que no sospechen nada. Además, logra rechazar, de manera educada, su propuesta de dar un paseo juntos, pues llevaban casi dos años sin vers.

Mientras Francisco Fernando realiza el recorrido ferroviario entre Ilidža y Sarajevo, Danilo Ilić distribuye a los seis terroristas a lo largo del Embarcadero Appel, la avenida que sigue el curso del río Miljacka. Poco después de las nueve de la manana, todo está listo para llevar a cabo el plan ideado por la Mano Negra. Los brazos ejecutores han logrado tomar posiciones sin llamar la atención y, lo que es más important, sin que la policía revise si van armados. La comitiva ha de encontrarse primero con Mehmedbašić y Čubrilović, ambos situados antes del puente Ćumurija. En caso de que estos tombé en la tentativa, Čabrinović y Popović esperan al archiduque de camino al puente Latino. Entre este y el puente del Emperador, están los últimos terroristas, Grabež y Princip. Entre ellos y la pareja formada por Mehmedbašić y Čubrilović hay poco más de doscientos metros.

Son cerca de las diez y diez cuando los siete coches enfilan la avenida. Mehmedbašić, que est situé devant le café de Mostar, se queda paralizado. A pesar de ser uno de los mejor preparados para el atentado, no puede controlar sus nervios y deja pasar la comitiva. Tampoco reacciona Čubrilović, si bien pour motivos bien distintos. Los conspiradores no habían previsto la presencia de Sofía Chotek en el vehículo, pues no era habituel que Francisco Fernando fuera acompañado de su mujer en este tipo de actos. La excepción se explica por la cercanía de su aniversario de bodas, que debían celebrar el 1 de julio. La presencia inesperada de una mujer es, al fin y al cabo, la razón que lleva al segundo terrorista a no emplear sus armas.

Después de los dos primeros fracasos, la comitiva llega al cruce del puente Ćumurija, donde está situada la segunda pareja de terroristas. Mientras el público aplaude al paso de las autoridades, Čabrinović saca a relucir la sangre fría que le había faltado durante el viaje desde Belgrado a Bosnia, cuando, por miedo a ser descubierto, dejó sus armas en Serbie antes de cruzar la frontera. Observez que también su compañero Popović se queda paralizado, así que decide actuar rápidamente. Čabrinović se acerca a un policía y le pregunta quién es el archiduque. Al obtener una respuesta satisfactoria del despreocupado oficial, quita el seguro de la bomba y la arroja contra el tercer vehículo de la comitiva. Sin embargo, el conduct, percatándose de que un objeto ha sido lanzado contra ellos, decide acelerar. El artefacto rebota en la parte trasera, de tal forma que cae bajo siguiente el automóvil, donde viajan el barón Carlos von Rumerskirch, la condesa Lanjus von Wallenburg, el teniente coronel Eric von Merizzi y el conde Alexander von Boos-Waldeck. Sólo estos dos últimos resultan heridos, si bien se ven afectados por la metralla una veintena de personas más. Además, la explosión deja también su sello en el pavimento: un agujero de más de 30 cm de diámetro.

Una vez lanzado el artefacto, Čabrinović saca la cápsula de cianuro del bolsillo y la présente en sub boca. Traga el veneno antes de que la bomba caiga en la parte trasera del vehículo, y sin pensárselo dos veces, se lanza al río. En medio del desconcierto general, los tres primeros automóviles, con el fin de evitar nuevos peligros en su camino hacia el ayuntamiento, aceleran la marcha. También el resto de la comitiva, tras recoger a los heridos, abandona el coche averiado y avanza a rápidamente por el Embarcadero Appel. Gavrilo Princip y Trifun Grabež, apostados un poco más allá del puente Latino, piensan en un primer momento que el atentado ha tenido éxito. Sin embargo, pronto se dan cuenta de que el Gräf & Stift Double Phaeton del archiduque está intacto. Cuando pasa frente a ellos no pueden hacer nada debido a la velocidad que lleva. Es entonces cuando Gavrilo vuelve su mirada hacia el puente Ćumurija, al lugar donde ha caído su compañero Čabrinović.

El intento de suicidio del joven bosnio resulta un absoluto fracaso. Nada más caer al río, el estado de descomposición en el que se encuentra el cianuro, le lleva a vomitarlo. Queda tendido en medio de la corriente del Miljacka, cuya profundidad a su paso por ese punto de Sarajevo no supera los coing centímetros. Los primeros en llegar hasta allí son dos civiles que regentan comercios en la zona. Inmediatamente empiezan a increparle y a agredirle. Incluso uno de ellos, un barbero, amenaza con pegarle un tiro mientras saca una pistola de su bolsillo. Por suerte para Čabrinović, dos agentes, uno de ellos con ropas de civil, llegan antes de que el altercado vaya a mayores. El terrorista es detenido y conducido a dependencias de la policía.

Mientras ve como su amigo es shutdownado, Gavrilo duda si debe dispararle para salvar al resto de los conspiradores. En poco tiempo descarta la idea y, en medio del desconcierto general que aún reina en el Emparcadero Appel, emprende la marcha hacia el puente Latino. Princip camina pensativo, convencido de que han perdido una oportunidad única. Sus compañeros se han dispersado tras la detención de Čabrinović. No sabe a dónde han ido, y tampoco si el archiduque mantendrá el itinerario previsto. All llegar al puente se encuentra con varios policías que están desalojando la avenida. Es así como termina frente al café Moritz Schiller, dans la calle Francisco José, donde se encuentra con su amigo y compañero de la Joven Bosnie Mihajlo Pušara.

A las once menos cuarto, tras escuchar el discurso de bienvenida del alcalde de Sarajevo y mantener una acalorada discusión con Oskar Potiorek, el archiduque decide cancelar el plan previsto e ir al hospital para visitar a los heridos del atentado. A propuesta del gobernador, toman de nuevo el Embarcadero Appel, pues es la vía más segura tras haber sido desalojado. Sin embargo, nadie informa a Leopold Lojka, chef d'orchestre del Gräf & Stift Double Phaeton, que sigue el recorrido oficial. Esa ruta, publicada en el Sarajevoer Tagblatt esa misma mañana, prevé tomar la calle Francisco José en dirección al Museo. Es así como, all llegar al puente Latino, la comitiva abandona el Embarcadero Appel para tomar la calle donde está refugiado un confuso Gavrilo Princip. Ahora sí, Potiorek informa al chofer del cambio de planes, por lo que este se ve obligado a frenar y a dar marcha atrás hacia el puente. Sin embargo, debido a la gran cantidad de gente que rodea el vehículo entre aplausos y vítores, no resulta una tarea nada sencilla.

Una vez repuesto de la sorpresa, la reacción de Gravrilo es la de una fiera salvaje ante su presa acorralada. Aprovecha la lentitud en las maniobras del vehículo para acercarse a una distancia no mayor de cinco metros. Una vez allí, saca la pistola, una FN modelo 1910 de calibre 9 corto, y se prepara para disparar a Francisco Fernando. Un agent de seguridad se percata de lo que está sucediendo y corre hacia el bosnio con intención de evitar el atentado. Sin embargo, Mihajlo Pušara logra desequilibrarle con una patada en la rodilla justo antes de que llegue a la posición de Princip. Desde el suelo puede observar como este, desviando la mirada de su víctima, efectúa dos disparos. La primera de las balas alcanza al archiduque en la yugular, mientras la segunda, destinada realmente al gobernador Potiorek, hiere en el abdomen a Sofía.

Tras recibir el impacto, ambos permanecen en sus asientos como si no hubiera sucedido nada. Incluso algunos de sus acompañantes piensan que los disparos de Gavrilo no han cumplido su cometido. Sin embargo, sentado junto a ellos, Oskar Potiorek puede ver perfectamente como la bala ha perforada el cuello de Francisco Fernando. Ambos se miran e intercambian unas breves palabras: un reproche del archiduque al gobernador. Inmediatamente empieza a salir sangre por su boca, mientras se hace evidente que también el vestido de Sofía se empieza a teñir de rojo en la zona del impacto. Al tiempo que, con insistencia pero voz entrecortada, ordena al chofer dar marcha atrás. El rostro de Potiorek se torna pálido, casi como si él mismo hubiera recibido una de esas balas. Ponen rumbo a su propio domicilio para que Francisco Fernando y Sofía sean atendidos por su médico personal. Este ni siquiera tiene la oportunidad de atender a la duquesa, que fallece poco antes de llegar entre los lamentos de su marido. Tampoco será posible detener la muerte del archiduque inévitable, acaecida diez minutos después que la de su esposa.

Mientras tanto, al igual que había sucedido una hora antes con Čabrinović, Gavrilo Princip no se detiene a comprobar si su acción ha tenido éxito. Cumpliendo las órdenes que había recibido de Tankosić, mete la cápsula de cianuro en su boca y eleva la pistola a la altura de su cabeza para pegarse un tiro. Pero a su alrededor se desata la indignación entre los partidarios de la monarquía austríaca. Uno de los primeros hombres en lanzarse sobre Princip es Ante Velić, que impide su suicidio agarrando el brazo con el que sostiene la pistola. Inmediatamente se le suma un conglomerado de viadantes, miembros de la comitiva y policías. Todos se abalanzan sobre él con intención de arrebatarle el arma, pero también para golpearle e increparle. Gavrilo, mientras sostiene la pistola entre sus rodillas, cae al suelo y está a punto de morir estrangulado. En medio de una situación caótica, y con el archiduque y su esposa a las puertas de la muerte, los agentes de seguridad al fin logran poner algo de orden y rescatar a Princip de entre las manos de los enfurecidos ciudadanos. Sin embargo, este episodio aún les reserva un sobresalto más, pues el bosnio, al verse en manos de la policía decide soltar la bomba que lleva en su bolsillo. El artefacto no está activado, pero existe un riesgo real de que estalle si alguno de los presentes lo pisa. Rápidamente, entre el pánico generalizado, se desaloja el perímetro, lo que permite tanto retirar el explosivo como conducir a Gavrilo, escoltado por casi una decena de agentes, a dependencias policiales.

El estado de Princip al llegar a la enfermería del cuartel es lamentable. Tiene un brazo fracturado como consecuencia de su forcejeo con Ante Velić. Además, sus ropas están raídas por los empujones y agarrones de la multitud, y su nuca llena de hinchazones y sangre coagulada fruto de los golpes recibidos. El resto del cuerpo también está lleno de heridas, entre las que destacan las recibidas en el cuello cuando estuvo a punto de morir estrangulado. Por si fuera poco, al igual que le había sucedido a su compañero de atentado, el mal estado del cianuro le ha provocado vómitos acompañados de fuertes mareos.


1914 Conspirator Recalls Sarajevo Assassination

BELGRADE, Yugoslavia, May 26 — In 1914 Vaso Cubrilovic was a slender 17‐year‐old schoolboy with an intense interest in history. On June 28 of that year he took part in an event that changed the course of history — the assassination of Archduke Francis Ferdinand, heir to the throne of Austria‐Hungary.

Nearly six decades later, he is still studying the tangled history of the Balkan countries as director of the Serbian Academy of Sciences’ four‐year‐old institute of Balkan studies.

In a rare interview, Dr. Cubrilovic recently recalled hoW he and a handful of other young Serbian nationalists conspired to assassinate the Archduke to hasten the liberation of the south Slavs from Austro‐Hungarian domination. The killing of the Archduke during a visit to Sarajevo touched off World War I.

“We young men were part of a national liberation movement that had begun in the 19th century,” he said. “We knew it was not possible to defeat a strong state like AustriaHungary by peaceful means. The only way, to achieve change was by violence.”

In 1908 Austria‐Hungary annexed Bosnia and Herzegovina, enraging neighboring Serbia.

Dr. cubrilovic was sentenced to 16 years in prison for his role in the assassination, but was freed in 1918 after the end of World War I and the collapse of Austria‐Hungary.

From the wreckage of the empire, Croatia, Slovenia and Bosnia‐Herzegovina joined with Serbia and Montenegro to form the Kingdom of Serbs, Croats and Slovenes, later Yugoslavia.

Dr. Cubrilovic said. that he and the others fully expected that the assassination would provoke a war. In fact, this was their purpose.

“Experience in the Balkans had taught us that a state can be born in war, and also can be destroyed by war,” he said. “We wanted to destroy Austria‐Hungary.”

At the age of 76, Dr. Cubrilovic has a strong voice, a memory that is good except for occasional details, and a scholarly manner. Piled high on his desk were photographic copies of 19th‐century Serbian petitions or grievance to the Austro‐Hungarian monarchy.

Like the other young Serbs, Dr. Cubrilovic was prepared for prison or execution, but he was not prepared to kill a main.

The sight of the Archduke's wife Sophia, seated beside him in the narrow, open touring car deterred the youth from firing his Browning pistol or throwing the bomb he carried.

Others among the assassins along the riverfront Apelov Boulevard the morning of June 28 were restrained by the presence of Sophia or by the crowds of spectators.

Only two carried out their mission—Nedeljko Cabrinovic, who hurled a bomb without success, and Gavrilo Princip, who with trembling hand fired two shots and killed both the Archduke and his wife.

“My brother, Veljko, was among three hanged by the Austrians,” Dr. Cubrilovic said. “I spent more than four years in prison, including two years in the military prison outside Vienna.

Dr. Cubrilovic stressed that he did not believe that he or the others in the Mlada Bosna, or Young Bosnia, terrorist organization had been the cause of World War I, with its millions of dead.

“The outbreak of the war had nothing to do with individuals,” he said. “The war had deep roots, including the disruptive effects of rapid industrialization in old feudal societies.”

After his release from prison in 1918, Dr. Cubrilovic returned to Belgrade and studied history. He taught 40 years at Belgrade University, with an 18‐month interruption in a concentration camp during the German occupation of Yugoslavia in World War II.

After the war, he served in Marshal Tito's Government as Minister of Forestry, returning later to the teaching of history.


Cubrilovic

17 years old in 1914 and a high school student, Cubrilovic was recruited to join in the plot to kill Archduke Franz Ferdinand by Danilo Ilic. Vaso Cubrilovic's older brother, Veljko, was already an accomplice to the plot by providing assistance to the three Black Hand trained assassins. Even though Vaso was given a bomb and stood along the Appel Quay with the others, he did not act. He was arrested about a week after the murders, based on Ilic's confession. Vaso, his brother Veljko, Danilo Ilic and the others were tried in October 1914. For his role in the assassination, Vaso was found guilty of treason. Since he was under 20, the death penalty was not available. Instead, he received a 16 year prison sentence. With the collapse of the Austrian government after the war, Vaso was released from prison.

Vaso Cubrilovic went on to become a teacher, then a university professor. Later, he served as Minister of Forests in the Tito government.




03 February 1915 – Sarajevo Execution

Of the twenty-five defendants tried by Austrian justice for the murder of Archduke Ferdinand and his wife Sophie, sixteen were convicted, but only nine were charged with capital crimes. Six of these were under the age of twenty at the time of the assassination and therefore too young to be killed by the state, a legal consideration that preserved the life of the actual assassin, Gavrilo Princip.

But the seventh accused conspirator, Danilo Ilic, was twenty-four years old at the time of the killings. Trying to escape the death penalty, he offered Hapsburg justice everything they wanted — a full confession — but to no avail. Found guilty along with his friends in October, Ilic is hanged today with two other men: Misko Jovanovic, who helped smuggle the weapons into Bosnia, and Veljko Cubrilovic, a teacher who helped smuggle the assassins themselves.

The execution takes place at Francis Joseph barracks while the world burns. For the rampant horrors and chaos these three anarchists have sparked, there is no justice, and no comfort or closure for all the millions who choke, sicken, starve, bleed and freeze to death before the Great War is done. Plots and acts of terrorism, sabotage, and mutiny are everywhere abroad in a world gone mad from treason and broken loyalties.

Left to Right: Danilo Ilic, Veljko Cubrilovic, Misko Jovanovich — all hanged today for the assassination that sparked the Great War

Dans son History of the Twentieth Century: The Concise Edition of the Acclaimed World History, historian Martin Gilbert writes that “When the twentieth century began, assassination was regarded as one of the evils of the nineteenth century that would not be perpetuated in ‘modern times.’ The handiwork of a discredited ideology — anarchism — assassination was thought to have no place in the new century.” He might have added that the evil of assassination was a domain of amateurs.

Before enacting their rather bush league plot, Ilic and Princip visited the Sarajevo grave of Bogdan Žerajić, their revolutionary hero who resisted the annexation of Bosnia by the Hapsburgs with an attempted assassination in 1910. Firing five shots from his revolver without leaving a scratch on his intended victim, the military governor of Bosnia and Herzegovina, Žerajić used his final bullet to end his own life. Žerajić seems to be the rule in 1915, not an outlier.

Yesterday’s bombing of a bridge on the Canadian-American border was almost a cartoonish affair. The South Asian men who carried out a mass shooting in Australia on New Year’s Day, 1915 were inspired by the Ottoman fatwa of jihad — itself a direct result of the Kaiser’s lobby at the Sublime Porte — but carried out their deadly purpose without slaughtering nearly as many innocents as they might have. An experienced British imperial intelligence apparatus is growing by leaps and bounds: the Kingsmen of 1915 are having the sort of actual, real, not-imaginary adventures from which spy movies and potboiler television drama are made as they uproot German spies supporting revolutionaries across the British Empire.

Yet just as the limits of cinematic technology and habits of theatre have held back the development of cinematic art, the actors on this stage seem unready in retrospect — even naive. Princip only shot his victims because (1) Austrian security arrangements were pathetic, and (2) the archduke’s driver stalled the engine right in front of the café where Princip was sulking after the first failed attempt on Ferdinand’s life. This is the stuff of potboiling television drama, but with an inexperienced and unready cast producing the world’s most violent farce.

The Austro-Hungarians’ official photograph of today’s hanging is less graphic than many execution photos

In contrast with the Hapsburgs’ demonstrated care and concern for upholding the letter of their imperial justice with the assassins, there is no justice for the hundreds of Serbs who were lynched or arrested in the city of Sarajevo and its environs before the war, or the thousands of Serbs who have died of official injustice and oppression since the war began, or the tens of thousands of Serbs already displaced from their homes in imperial territory to starve and freeze in the Winter.

During all three of Austria’s failed invasions of Serbia — commanded by Oskar Potiorek, the same incompetent governor whose security arrangements left the archduke vulnerable — the Imperial and Royal Army has arrested and summarily hanged or shot thousands of Serbian civilians. Meanwhile, imperial Serbs have been fighting and dying for the dual monarchy in Galicia and Poland since the fighting began, sometimes deserting but mostly remaining surprisingly ‘kaisertreu‘ in spite of the bloody, bitter conditions of the war. It is a further injustice of the war that war crimes and ethnic recriminations in the collapse of the Hapsburg army detract from its record as an otherwise proud and valiant, if underfunded and equipped, service.

Most of the other convicted men, including Princip, will not survive the war due to the abysmal sanitation, rampant disease, and poor food in Austrian prisons. The assassins sought to inspire imperial overreach in Vienna with the objective of sundering the Austro-Hungarian Empire forever. Though success comes at the cost of their lives, in the end their conspiracy does succeed in its objective.

An ethnic map of the Austro-Hungarian Empire shows the recent addition of southern Slavs. No less than nine countries will emerge from, or enlarge on, the dual monarchy’s former dominions between 1919 and 1991

Today, the trial of Gavrilo Princip (above, third from left) and twenty-four co-defendants for the assassination of Archduke Franz Ferdinand ends in sixteen convictions. Because the court is not satisfied that the sickly Princip was 20 years old at the moment of&hellip

"Fifty-six years have elapsed since the last mutiny of 1857," the journal Ghadar declares, referring to the infamous Sepoy Mutiny. "Another one is due." As the flagship publication of the Ghadar Party, a revolutionary organization that advocates violent insurrection against the British Raj, the Ghadar&hellip

As General Erich von Ludendorff's 8th Army pursues retreating Russians through the town of Mława today, the local Jewish community welcomes their liberation by German soldiers. Oppressive state policies have made life difficult for Jews in Russian Poland, where Ludendorff is attacking a larger force&hellip


(1944): Yugoslav Historian Again Calls for Deportation of Kosovar Albanians

Yugoslav historian Vaso Cubrilovic writes another memorandum, The Problem of Minorities in the New Yugoslavia, and says that, to establish peace, Yugoslavia must be “ethnically pure,” because the issue of minorities creates conflicts with neighboring countries. Cubrilovic calls for the removal of Yugoslav Germans, Hungarians, Albanians, Italians, and Romanians, who “deserved to lose their civil rights in this country.” He says the military should be used to remove national minorities “from those territories which we desire to populate with our own national element in a planned and merciless way,” including denial of rights, taking of property, and internment, especially targeting intellectuals and the rich. Subsequently, Cubrilovic is given a post in the Yugoslav government. The Yugoslav government sponsored previous studies. In 1939 well-known Yugoslav writer Ivo Andric, at the time a diplomat, and Ivan Vukotic proposed that Albania be divided with Italy, so Yugoslav Albanians would not have a national state to focus on. In 1941, lawyer Stevan Moljevic released Homogeneous Serbia, calling for another round of deportations of Yugoslav Albanians to Turkey or Albania. Subsequently, from the 1950s to the 1970s, Yugoslav Albanians will be encouraged to identify as Turkish, through the establishment of Turkish language schools and media. The Albanian population will also be intimidated by the security forces. An agreement will be concluded with Turkey in 1953 under which Turkey will accept deported Yugoslav Albanians. [Kola, 2003, pp. 103-105]


03 February 1915 – Sarajevo Execution

Of the twenty-five defendants tried by Austrian justice for the murder of Archduke Ferdinand and his wife Sophie, sixteen were convicted, but only nine were charged with capital crimes. Six of these were under the age of twenty at the time of the assassination and therefore too young to be killed by the state, a legal consideration that preserved the life of the actual assassin, Gavrilo Princip.

But the seventh accused conspirator, Danilo Ilic, was twenty-four years old at the time of the killings. Trying to escape the death penalty, he offered Hapsburg justice everything they wanted — a full confession — but to no avail. Found guilty along with his friends in October, Ilic is hanged today with two other men: Misko Jovanovic, who helped smuggle the weapons into Bosnia, and Veljko Cubrilovic, a teacher who helped smuggle the assassins themselves.

The execution takes place at Francis Joseph barracks while the world burns. For the rampant horrors and chaos these three anarchists have sparked, there is no justice, and no comfort or closure for all the millions who choke, sicken, starve, bleed and freeze to death before the Great War is done. Plots and acts of terrorism, sabotage, and mutiny are everywhere abroad in a world gone mad from treason and broken loyalties.

Left to Right: Danilo Ilic, Veljko Cubrilovic, Misko Jovanovich — all hanged today for the assassination that sparked the Great War

Dans son History of the Twentieth Century: The Concise Edition of the Acclaimed World History, historian Martin Gilbert writes that “When the twentieth century began, assassination was regarded as one of the evils of the nineteenth century that would not be perpetuated in ‘modern times.’ The handiwork of a discredited ideology — anarchism — assassination was thought to have no place in the new century.” He might have added that the evil of assassination was a domain of amateurs.

Before enacting their rather bush league plot, Ilic and Princip visited the Sarajevo grave of Bogdan Žerajić, their revolutionary hero who resisted the annexation of Bosnia by the Hapsburgs with an attempted assassination in 1910. Firing five shots from his revolver without leaving a scratch on his intended victim, the military governor of Bosnia and Herzegovina, Žerajić used his final bullet to end his own life. Žerajić seems to be the rule in 1915, not an outlier.

Yesterday’s bombing of a bridge on the Canadian-American border was almost a cartoonish affair. The South Asian men who carried out a mass shooting in Australia on New Year’s Day, 1915 were inspired by the Ottoman fatwa of jihad — itself a direct result of the Kaiser’s lobby at the Sublime Porte — but carried out their deadly purpose without slaughtering nearly as many innocents as they might have. An experienced British imperial intelligence apparatus is growing by leaps and bounds: the Kingsmen of 1915 are having the sort of actual, real, not-imaginary adventures from which spy movies and potboiler television drama are made as they uproot German spies supporting revolutionaries across the British Empire.

Yet just as the limits of cinematic technology and habits of theatre have held back the development of cinematic art, the actors on this stage seem unready in retrospect — even naive. Princip only shot his victims because (1) Austrian security arrangements were pathetic, and (2) the archduke’s driver stalled the engine right in front of the café where Princip was sulking after the first failed attempt on Ferdinand’s life. This is the stuff of potboiling television drama, but with an inexperienced and unready cast producing the world’s most violent farce.

The Austro-Hungarians’ official photograph of today’s hanging is less graphic than many execution photos

In contrast with the Hapsburgs’ demonstrated care and concern for upholding the letter of their imperial justice with the assassins, there is no justice for the hundreds of Serbs who were lynched or arrested in the city of Sarajevo and its environs before the war, or the thousands of Serbs who have died of official injustice and oppression since the war began, or the tens of thousands of Serbs already displaced from their homes in imperial territory to starve and freeze in the Winter.

During all three of Austria’s failed invasions of Serbia — commanded by Oskar Potiorek, the same incompetent governor whose security arrangements left the archduke vulnerable — the Imperial and Royal Army has arrested and summarily hanged or shot thousands of Serbian civilians. Meanwhile, imperial Serbs have been fighting and dying for the dual monarchy in Galicia and Poland since the fighting began, sometimes deserting but mostly remaining surprisingly ‘kaisertreu‘ in spite of the bloody, bitter conditions of the war. It is a further injustice of the war that war crimes and ethnic recriminations in the collapse of the Hapsburg army detract from its record as an otherwise proud and valiant, if underfunded and equipped, service.

Most of the other convicted men, including Princip, will not survive the war due to the abysmal sanitation, rampant disease, and poor food in Austrian prisons. The assassins sought to inspire imperial overreach in Vienna with the objective of sundering the Austro-Hungarian Empire forever. Though success comes at the cost of their lives, in the end their conspiracy does succeed in its objective.

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333. Compromising Memory: The Site of the Sarajevo Assassination

Paul B. Miller is Associate Professor of History, International University of Sarajevo and McDaniel College. He spoke at an EES Noon Discussion on January 10, 2007. The following is a summary of his presentation. Meeting Report 333.

When Serbian artillery began pounding Sarajevo in spring 1992, Bosnian Muslims struck back by destroying a potent symbol of Serb nationalism: the footprints marking the exact spot Gavrilo Princip stood when he shot dead Archduke Franz Ferdinand, heir to the throne of the Austro-Hungarian Empire. The infamous June 28, 1914 assassination aimed to remove Austria-Hungary from Bosnia and Herzegovina, and thus clear the way for a unified Yugoslav (South Slav) state. Yet the consequences were far more than Princip and his co-conspirators had bargained for: this event became the euphemistic "spark that lit the fuse," igniting the First World War. Yugoslavia, with the help of the Great Powers, was indeed born out of that war, and so too was the short, but troubled twentieth century.

Princip's footprints had been embedded into the concrete sidewalk by the government of post-World War II communist Yugoslavia, which exalted the assassin far more than the unstable interwar state. They soon became one of Sarajevo's main tourist attractions, photographed by thousands of visitors, typically with someone standing directly in the footprints, posing like the assassin. All these acts—creating, promoting and destroying Princip's footprints, not to mention re-enacting the murder itself—constitute just some of nearly a century's worth of interpretations, commemorations, representations and manipulations of the Sarajevo assassination. Indeed, from the moment news of the Archduke's death got out, the struggle over its meaning began. This struggle continues to this day in a number of different social, political and cultural contexts.

As part of a larger book project on the shaping of memory of the Sarajevo assassination, I focus on the shifting memorial landscape at the murder site. While the various monuments, memorials and museums that have adorned the street corner where Princip fired his famous shots can be telling in terms of how independent Yugoslavs have struggled to understand the assassination as part of their national history, the memorialization process, as we shall see, has rarely broken free from outside influence. For many Westerners, the Sarajevo assassination merely confirms their stereotypes of Balkan backwardness and barbarism, and thus has provided a convenient means to divert blame for the First World War from their own leaders. For many South Slavs, however, June 28, 1914, will always be the beginning of their liberation from centuries of foreign control. Moreover, while the assassination is as inseparable from the city in which it took place as the House of the Wannsee Conference is from Berlin, how Sarajevans and Yugoslavs generally have sought to live with this history is a more complicated matter. For although an event as scrutinized as the Holocaust in terms of memory and identity is in little danger of being glorified in official representations, the Sarajevo assassination has always been looked upon more ambivalently by those who must accept it as their own.

One of the earliest illustrations of this contradictory past is the first memorial marking the assassination site—the Spomenik umorstvu, or monument to murder. Placed at the entrance to what would later be known as Princip's bridge, this mammoth, late Secession monument to the murdered heir and his wife was nearly as provocative as Ferdinand's open-air car ride through Sarajevo on the Serbian Orthodox holiday of Vidovdan. Three years into the war, with the Serb army on the run, the Austrians may have been feeling overconfident when they dedicated it, in a Catholic religious ceremony, on June 28, 1917.

Yet clearly they had learned nothing about the people they ruled. The monument was taken down almost as soon as the Kingdom of Serbs, Croats and Slovenes took over in late 1918. Then, following a stint in the State Museum, it was broken up—one of the ten-meter columns going to a stonecutter in Trebinje, the other to a quarry in Sarajevo. Apparently they were used to pay the long overdue bill of the miners who had excavated the monument's stone. As for the massive central medallion engraved with the images of Ferdinand and Sophie, it has spent the last 60 years collecting dust and a thick layer of patina in the basement of Sarajevo's Art Gallery. Given the fate of the monument, it would seem that Bosnia and Herzegovina and its capital Sarajevo were, at last, truly free from foreign oppression.

Or were they? While the neglect of a monument to Bosnia's occupiers is hardly a revelation, the same cannot be said for the way in which the leaders of the Kingdom of Yugoslavia sought to moderate attempts to glorify the event that, arguably, led to the country's conception. It took more than 11 years before they decided upon, or at the very least permitted, a memorial at the assassination site—a simple, black plaque placed high above the street that announced, rather tamely: "Princip proclaimed freedom on Vidovdan 15 (28) June 1914." Then, just three days before its dedication on February 2, 1930, according to a London Times correspondent in Belgrade, the plaque's provenance was revised. A seemingly uneasy Yugoslavia, likely due in part to its growing reliance on Western aid during the Depression, suddenly announced that Princip's family and friends had created the tablet and not Narodna Odbrana, a society with government ties that Austria had implicated in the assassination. State authorities also issued a statement to the effect that they were powerless to interfere with this wholly private initiative.

Winston Churchill deemed the act of memorializing the assassination an "infamy." The Deutsche Allgemeine Zeitung called it "a monstrous provocation which cannot be suffered," and dismissed the absence of government officials at the dedication ceremony as a "trivial distinction." The British historian and staunch Yugoslav supporter Dr. R. W. Seton-Watson went further, accusing the government of hypocrisy for pretending it could not prevent the public commemoration. For most Western commentators in 1930, the Archduke's murder remained, as the London Times editorialized, "an act which was the immediate cause of the Great War, of its attendant horrors, and of the general suffering which has been its sequel." Any monument to it was unacceptable.

Yet, despite Western accusations of "indifference to foreign public opinion," the Kingdom of Yugoslavia did seem to make serious efforts to appease the West by dampening the impact of the memorial and its unveiling ceremony. What Rebecca West later described as a "modest" tablet engraved with words that were "remarkable in their restraint," was not only unveiled without a single government official on hand, but a ceremony at the National University that was to feature several speakers and the participation of cultural, humanistic and patriotic groups was cancelled at the last minute. In fact the date of the ceremony itself, the program of which was buried on page 5 of Sarajevo's Vecernja PoŠta, could only have been intended to further muffle the international outcry. February 2, 1930, was the 15th anniversary of the execution of three men involved in the assassination plot—Danilo Ilic, MiŠko Jovanovic and Veljko Cubrilovic. It was a date, in short, rather arbitrary even for Sarajevans. It is therefore no surprise, but more than a little revealing, that the London Times mistakenly reported it as the 50th anniversary of Princip's death.

The 1930 unveiling was indeed "subdued and without special ceremony," exactly as the Vecernja PoŠta had announced it would be two days earlier. Even the Belgrade press reined in any enthusiasm by stating, blandly, that the plaque was a tribute to the memory of those who had risked their lives for the Fatherland. The first opportunity for the newly independent Yugoslavia to commemorate the Sarajevo assassination found the site transformed into a World War I memorial. Perhaps there was not so much freedom to celebrate after all.

The Nazis and Ustasha were, unsurprisingly, hardly fooled by these official attempts to underplay the assassination in the construction of Yugoslav national identity. With their own sense of ceremony, the Nazis removed the plaque in the first days of their occupation of Sarajevo in April 1941. A few weeks later, it was presented to Adolf Hitler for his 52nd birthday. "Sarajvo has cleansed itself of the Vidovdan stain," exulted an NDH article in Sarajevski Novi List that July. The official Nazi newspaper, the Völkischer Beobachter, went so far as to depict Princip and his collaborators as Jews and Freemasons. Accordingly, it was now the so-called Jewish menace that had long denied South Slavs their true freedom.

In the rhetoric and mythologizing of the communist Partisans who liberated Sarajevo, 1945 became the fulfillment of everything that 1914 had stood for: the struggle and courageous self-sacrifice of Bosnia's youth for justice and freedom the liberation from the Germanic oppressor the awakening of a revolutionary consciousness and the spirit of brotherhood and unity embodied in the mixed ethno-religious backgrounds of the Young Bosnians and Partisans alike. If the first Yugoslavia was "a dungeon…where the people of Bosnia and Herzegovina had no rights," then now the dream was finally coming true, "the dream of Gavrilo Princip…and many others who gave their young lives for a happy homeland for all people of Bosnia and Herzegovina." And just as the 19-year-old Princip, gun in hand, had lunged towards the Archduke's car, the youthful Partisans had thrown themselves before Nazi tanks. "What Gavrilo Princip and his friends started on Vidovdan 1914," concluded an article in Oslobodenje for Vidovdan 1945, the youths who liberated Bosnia from the Germans completed.

Motivated as much by their recent victory as they were by ideology, the Partisan liberators could not wait until June 28 to replace the commemorative plaque. On May 7, 1945, in a mass meeting in Car DuŠan park that was attended by the president of the parliament of Bosnia and Herzegovina and other local, national and foreign dignitaries, Princip was fêted as a national hero and martyr. Following several speeches, the procession crossed "Princip's bridge" to dedicate a new plaque on the assassination site. To cheers of "Glory to the unforgotten national hero and his comrades," Borko Vukobrat, who hailed from Princip's hometown of Bosansko Graho, unveiled a tablet that certainly went further than that of 1930 in terms of glorifying the Sarajevo assassination:

The youth of Bosnia and Herzegovina dedicate this plaque as a symbol of eternal gratitude to Gavrilo Princip and his comrades, to fighters against the Germanic conquerors.

Spring 1945 represented the onset of a new era of confidence among Yugoslavs concerning how to fit the assassination into their national history and mark it physically in the Bosnian capital. While Young Bosnia's chosen means of "individual terror" was not typically praised (Lenin himself condemned terror in his writings), the impetus and, especially, the sacrifice of Bosnian youth became a key symbol of the new communist state. Over the coming years, the physical landscape in Sarajevo would be further altered to reflect that confidence, including street names honoring virtually everyone involved in the assassination the establishment of the Museum of Gavrilo Princip and Young Bosnia a new plaque honoring Princip and his comrades for "expressing with his shot the national protest against tyranny and our people's centuries-long aspiration for freedom" and perhaps most famously, Princip's footprints etched into the exact spot on the sidewalk where he changed the course of history. Whereas in 1930, political leaders were banished from the ceremony to dedicate a small plaque to Princip, in 1953 the president of the National committee of Sarajevo, Dane Olbina, gave the keynote address at the Museum opening.

These bold new representations of Churchill's "infamy" could develop too because of changes in Western attitudes. Racist references to Yugoslavs (such as a London Times quote from 1930, which called them "a rather primitive people, inured to political violence.") were far less common. Respect for Tito's role in fighting the Nazis and admiration for his independently-oriented communist state also helped quiet the criticism. Nevertheless, it was above all a government imposed ideology and state-managed cultural practice, rather than any sort of sensible and objective approach to historicizing the ideas and actions of Princip and Young Bosnia, that accounts for the communist glorification in this period. Bajro Gec, the long-time curator of the Young Bosnia Museum, told me wryly of the years he spent greeting tourists with heroic tales of Princip and his friends, while deep inside feeling rather uncomfortable with this official discourse.

By 1964, the 50th anniversary of the assassination, it is clear from foreign press accounts that Gec's discomfort with Princip's elevation in the local and national history was shared more generally. The newspapers kept up the theme of Young Bosnia's "remarkable flash" of revolutionary genius and Sarajevo prepared itself for the onslaught of visitors by renovating the Museum marking sites related to the assassination such as Danilo Ilic's house lining Princip's bridge with flowers and in general doing nothing to deny that the state viewed the assassination as a crucial component of its foundational narrative. But judging from reports by a couple of New York Times journalists, official Yugoslavia "could not be more uncomfortable" with the anniversary preparations. In fact, Sarajevo's Communist Secretary of Information, Murat Kusturica, spent most of his time encouraging the journalists and tourists to leave, or at least to focus on the Partisans instead. One reporter wrote that Sarajevo was holding nothing more than a "perfunctory observance." And, as in 1930, there were no speeches by government officials. The Sarajevo assassination may have had its political uses as another ideological myth to keep the Yugoslav people together, but for the outside world in 1964, a far less controversial image of Yugoslavia was on display.

Nevertheless, the footprints, museum, street names and other emblems of the assassination, not to mention the heroic rhetoric surrounding it, would persist through the 1984 Winter Olympic Games and, indeed, right up to the end of communist Yugoslavia. Then they swiftly, and quite publicly, became elements of fierce contestation between Yugoslavs. During a televised parliamentary debate over Bosnian independence in February 1991, a delegate from the Serbian Democratic Party (SDS), which opposed an independent Bosnia and Herzegovina, threatened his Muslim and Croat colleagues with the words: "The sovereign of your sovereign state would never make it past the Gavrilo Princip Bridge." To which a Muslim representative responded that in an independent Bosnia, the Princip Bridge would not bear the name of a terrorist. Soon thereafter, someone scrawled the bridge's original name—Latin Bridge—on the wall of the Young Bosnia Museum, and the plaque commemorating the Yugoslav people's "centuries-long aspiration for freedom" was defaced. The next Vidovdan, SDS leaders, who were then working to prevent Bosnia-Herzegovina's freedom from Yugoslavia, sponsored a wreath and flower-laying ceremony at the site.

During the war itself, these contested symbols of Yugoslavia's recent past were jettisoned altogether. The museum was closed (and barely saved from bombs and vandals) the street names removed and the footprints were ripped from the sidewalk. As the ideology that held Yugoslavia together and determined how it would remember the Vidovdan conspirators disintegrated in a massive explosion of nationalist energy, the carefully constructed memory of the assassination evaporated with it. And just as in 1930, Western commentators with little or no experience in the region explained it all as more proof of the Balkan people's inborn inclination for violence.

Nevertheless, something had to be done after the conflict and, in 2004, city officials decided upon a simple granite plaque that states, truthfully enough: "From This Place on June 28, 1914, Gavrilo Princip Assassinated the Heir to the Austro-Hungarian Throne Franz Ferdinand and His Wife Sofia." It is too close to ground-level to draw much attention and debate is still raging over whether to re-install the footprints and counterbalance them with a new memorial to the victims. But this time, at least, the memorialization process seems more focused on using history in the name of truth and tourism rather than misusing it politically, or unconvincingly compromising the memory of the assassination for the sake of uneasy, though influential, outsiders.


Veljko Cubrilovic - History

03.02.2021 3399 38 Nema komentara

La description

Danas se navršava 106. godina od kada je u Sarajevu pogubljen Gradiščanin Veljko Čubrilović. On je 1915. godine obješen jer je učestvovao u atentatu na okupatora austrijskog nadvojvodu, prestolonasljednika Franca Ferdinanda.

O Veljko Čubriloviću i njegovom značaju posebnu za Gradišku nije se mnogo znala. To se promijenilo zahvaljujući Zavijčajnom muzeju na čiju inicijativu je prošle godine postavljena statua Veljka Čubrilovića i prikazan je dokumentarno igrani film.

„Veljko je jedna najznačajnija ličnost našeg grada, mislim i na cijelu porodicu Čubrilović. Mislim da smo na dobar način i dovoljno se odužili porodici koliko smo mogli“ kaže Bojan Vujčić, istoričar.

Veljko Čubrilović je rođen u Gradišci. Bio je učitelj u Priboju Majevičkom i član Mlade Bosne. Odrastao je u porodici sa šestoro braće i sestara, koji su odgajani u slobodarskom duhu.

„Bio je jedna kompleksna ličnost, ostali su autentični zapisi u Priboju u kojoj je Veljko zapisivao nalaze. Ostaje svjedočenje njegove kćerke Nade koje nismo još objavili“ kaže Vujčić.

U gradiškom Muzeju kažu da će nastojati na sličan način da se oduže i drugim znamenitim ličnostima i porodicama kao što su Malić, Subotić, Vidović.

U Zavičajnom muzeju Gradiška ističu da je potrebno dosta truda i rada da se prikupe slike, dokumenti, razni predmetI, koji svjedoče o životu važnih građanskih porodica u Gradišci.


Voir la vidéo: Na današnji dan pogubljen Veljko Čubrilović (Juillet 2022).


Commentaires:

  1. Chanler

    Merci, je suis allé lire.

  2. Norwin

    Et une autre variante est?

  3. German

    À chez vous, j'en allais un autre.

  4. Theoclymenus

    Trifles!



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